sábado, febrero 09, 2019


Periplos
               
              De Entre Ríos a Córdoba
                  De Paris a Letras en la UBA de 1973-74.
                  De la UBA a México y de México a Córdoba.

       Tengo un tiempo tan atravesado que fui a llamar a mi amigo, al que hace mucho que no veo, con el que hablé hace exactamente dos años y estaba enfermo de cáncer, Héctor -Toto- Schmucler.
              Le recomendé una interconsulta y le pasé todos los datos por mail.
             De pronto me sorprendo porque me entero de que se murió en diciembre.


           Conocí a Toto en 1973 cuando de Entre Ríos había pasado a Córdoba y de Córdoba a París y venía con la novedad de la Semiótica y la Semiología que nosotros metimos en el programa de Lingüística que daba Ana María Nethol.
           De esta manera introdujo la Semiótica, la Semiología y lo que luego se llamarían Estudios de la Comunicación en la Universidad en Buenos Aires, que algunos se atribuyen y en realidad fue él quien loes introdujo de esa manera. 
            No en vano había estudiado con Roland Barthes entre 1966 y 1969 en la École Pratique des Hautes Études de Paris.
           En esa época me había convocado Paco Urondo para que fuera su Asistente porque Rodolfo Puiggróss lo había nombrado Director de Letras y, según decía, "sabía de literatura", pero no de universidades.
         Funcionábamos en donde estaba el Viejo Hospital de Clínicas, hoy Plaza Houssay.



          A los pocos meses Paco dejó su cargo de Director de Letras y se dedicó de lleno a la militancia.
         Lo sucedió el poeta y crítico Ángel Núñez como Director.
          Cuando Ángel renunció, Toto Schmucler fue el Director. Yo seguía como Asistente, además de asistente en las cátedras.
         A Toto también lo veía en la Editorial Siglo XXI en donde estaban José María  -Pancho- Aricó, Jorge –el Negro- Tula, Marcelo Díaz, en donde conocí a José Luis Mangieri y, por supuesto a Teresita Poyzarán que también era docente con nosotros.
           Cuando Vera Aricó estaba internada en el Hospital de Clínicas nuevo con sus dos añitos y su cáncer y la íbamos a ver a acompañar a Teresa.
         Un día vino Toto y pidió una camisetita usada que él le llevaría al vidente que estaba en Córdoba, Marchessini, si no me equivoco.
            "La dialéctica se hizo trizas ante la angustia."  supe escribir por ese entonces en un poema que le dediqué.
            Todo el marxismo gramsciano de Pasado y Presente se cayó de golpe ante el dolor por la nena enferma de un mal que antes la gente no quería ni nombrar.
            Toto llevó la camisetita.  Esperó y el vidente lo atendió al final.  Según contó después, olió la camiseta, dijo que el mal estaba atrás e iba de abajo hacia arriba  -Vera tenía cáncer en un riñón-, que iban a tener que operar de nuevo, pero que se iba a salvar. Efectivamente, el mal se extendió hacia arriba, la volvieron a operar, pero se salvó.
           Después de la bomba a Siglo XXI, casi todos se fueron a México.
            Toto perdió a su hijo Pablo en la guerrilla.
           
                 "Me fui a México. Nadie me obligó. Sombríamente me protegía de la muerte y anhelaba proteger a mis dos hijos. Uno de ellos no quiso escucharme porque sólo quería acompañar la sangre derramada de sus compañeros. Hacia finales de enero de 1977 escuché la voz de la madre de mis hijos que, por teléfono y con palabras disfrazadas, me anunciaba que Pablo había desaparecido. Tenía 19 años y los días se paralizaron para siempre aunque el almanaque siguiera implacablemente cambiando de fecha. Se abrieron para mí aquellas puertas que resultaban invisibles. Sospeché entonces lo que podría nombrar el horror y la desesperación".
          
          Un día vino a Amsterdam y nos encontramos. Me quería convencer de que me fuera a México.
         Yo todavía estaba estudiando y en ese momento uno de mis profesores era Ariel Dorfman con el que hacíamos un Seminario sobre la literatura hispanoamericana y yo estaba escribiendo el trabajo, la tesina sobre Manuel Puig y El beso de la mujer araña.
         Toto se vio con Dorfman. Para mi sorpresa, en la clase siguiente en que yo tenía que hablar de mi trabajo y después de que terminé mis compañeros aplaudieron. Y Ariel dijo: “No se asombren de que esté tan bien. Si no fuera por las circunstancias de Argentina, ella podría estar en mi lugar.” Yo lo miré con una cara como diciendo: «De dónde salís con eso?» Y Ariel, ni corto ni perezoso, me contestó: «Me lo dijo Toto Schmucler con quien estuve tomando un café!» Qué decir…. Yo no cabía en mí porque mi ego se había agrandado más de la cuenta, aunque trataba de disimularlo. Cuando terminé mis estudios ya Ariel se había ido a Duke en Estados Unidos y yo, es verdad, estuve en su lugar, además de dar otras materias que él no daba.
         Desde México Toto y Pancho me mandaban Controversia, la revista que sacaban.
         Cuando volví a Argentina lo vi una o dos veces, pero mantenía el contacto abierto.
         La última vez estuvimos cenando juntos cerca del Centro Cultural Gral. San Martín.
         Fue uno de los primeros, junto con Oscar del Barco, que empezaron a revisar su – nuestra propia historia reciente y empezaron a verla con otros ojos diferentes en un mundo que no sólo se había derrumbado el Muro de Berlín, sino también muchos velos.  Velos que algunos que nunca hicieron nada ahora algunos quieren reivindicar…
         Lo llamé en febrero de 2017 y hablé con su actual compañera y me enteré de su enfermedad y después hablé con él. Y justamente el 9 le envié los datos para hacer la consulta.
         Ayer cuando llamé a uno de sus números, me encontré todavía con su voz.
         Siempre lo admiré porque era realmente brillante y sencillo.
         Y lo quise mucho. 
         Por eso trataba  de mantener el contacto aunque fuera cada tanto.
         Aquí una vela a su memoria…



®© Ana Sebastián, Memorias impertinentes.

            

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