Monday, November 28, 2016



     30 AÑOS ES ALGO…

           

                    “Los molinos ya no están, pero el viento todavía sigue…” 
               ¿No Vincent…?



     Hoy hace 30 años en la librería Allert de Lange se presentaba mi primera novela, De eerste fakkels, gracias a José Rentes de Carvalho que había sido mi profesor de Lengua & Literatura Portuguesa y en ese entonces ya éramos colegas en el Spaans Seminarium – Fakulteit van Letteren – Gemeentelijke Universiteit van Amsterdam, conocida como UVA o GU.

            Él había leído el manuscrito en un fin de semana y me había presentado al editor, Kees van der Hoek, editorial Thoth -el dios egipcio de la escritura.

       Y el editor se encargó de todo: no sólo la publicación, la traducción de Giny Klatser, la corrección, el fotógrafo, los posters, la prensa, las invitaciones, la presentación en la única librería de de P. C. Hoofstraat #97 -la calle más chic de Amsterdam-, el brindis, la difusión y además con anticipo al firmar el contrato y royalties una vez por año, como corresponde.   

 
             Kees abrió la presentación, después tomó la palabra José y después yo agradecí, leí algo y empecé a firmar libros.

Con José Rentes de Carvalho - Sonriendo, Kees van der Hoek


            Y así empezó mi carrera literaria en Nederland rodeada de amigos, colegas generosos, amigos, estudiantes...

Bien a compañada

           No dejo de sentir cierta nostalgia… 
           Era lo que quería ser: profesora universitaria y escritora.

         Gracias, gente, amigos que todavía están y que ya no están…    
         Pero siguen… 

                                                                              ®© Ana Sebastián, Memorias Superimpertinentes.

Wednesday, October 05, 2016


¿NOMOFOBIA = HIPERREALIDAD?



En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.”

Jorge Luis Borges: Del rigor de la ciencia.



Ayer tuve que ir al Instituto Oncológico Alexander Fleming. La ida a las cuatro y media de la tarde desde Carlos Pellegrini y Córdoba, cuya mitad está siendo asfaltada, fue infernal. Un 140 nos dejó varados ante los insultos de todos los que estábamos en la parada, el siguiente tardó cerca de veinte minutos en llegar. Mientras subíamos el chofer estaba mandando mensajitos y, a la vez, nos marcaba la tarifa de la SUBE.

Es la hora de las madres y abuelas que retiran a los chicos de los colegios, de las empleadas domésticas, de los obreros de la construcción que vuelven de sus trabajos y de los que, como yo, teníamos que cumplir con otras obligaciones o deseos. Por suerte pude sentarme en el asiento doble sobre la rueda.

A los pocos minutos el colectivo estaba lleno y al lado mío alguien le dio el asiento del pasillo a una madre con su nena que, como es costumbre últimamente, en vez de sentarse ella con la chica en la falda, sentó a la nena. Una madre y una nena con aspecto de ser de clase muy baja [espero que esto no sea estigmatizante]. Ni bien se sentó la nena que seguro apenas pasaba la media docena de años le pidió el celu a su madre que le dijo que lo sacara de la mochila.  Era un celu del tamaño casi de una tablet que no sé cuánto debía costar. La nenita se puso inmediatamente a jugar algo que no sé si se llama Candy Crush moviendo redondelitos de un lado a otro con su pulgar. Así hasta que pedí permiso para pasar porque tenía que bajarme.  
Una vez en el Fleming, ya en la sala de espera de consultorios externos -sala a la que asisto hace veinte años y en donde hay sendos cartelitos con pictogramas de PROHIBIDO EL USO DE CELULAR-, me puse a mirar y, de las más o menos treinta personas que estábamos esperando, unas veinte estaban usándolo. Hace unos años, cuando te veían usándolo, siempre alguien te pedía que te fueras de la sala de espera o que lo apagaras. Ayer nadie dijo nada. Yo, que suelo ser bastante respetuosa de esas normas y bastante atrevida, tampoco me animé a decir algo. Hubiera sido tomada por loca.

         Jean Braudillard, uno de los primeros en analizar la sociedad postindustrial -el postmodernismo-, basándose en la metáfora borgiana del epígrafe, llega a la conclusión de que la continuidad de simulacros virtuosos o virtuales suplanta la realidad. De ahí el término hiperrealidad en el sentido de que los medios dominan la percepción del mundo exterior representando un mundo más real que el que se da en la experiencia personal, de modo que, nuestra realidad cotidiana circundante es una pálida sombra de esa hiperrealidad.

Sin ser justamente Braudillard  -y antes de que existiera la ecografía abdominal-, en los años ochenta Ernesto “Coco” Lombardi, entonces Intendente de Moreno, Provincia de Buenos Aires, visitando el Hospital de la zona, saludó a una parturienta y le auguró que si nacía varón, ojalá fuera futbolista y si era nena, modelo. No necesitaba de la filosofía para saber que muchos creen que ésa es la manera más rápida de lograr ser otro.

Si uno tiene que ser de algún color es mejor el color del éxito o de los flashes de las cámaras que además indican un poder de otro tipo.

Es verdad que durante años la radio capilla estuvo en las cocinas o comedores familiares y después fue reemplazada por el inevitable televisor. La realidad puede ser sórdida ante la imagen del televisor y más si es HD.

Pero ahora no necesitamos siquiera un televisor en el living o en el dormitorio para vivir en la hiperrealidad: basta con un smartphone que nos permita la interconexión al navegador, el acceso a la web 2.0, a youtube, a whatsapp, a poder ver un video, un film, ponernos los auriculares para oír nuestra música o jugar a Candy Crash, Preguntados, etc.

Ahí ya estamos en la hiperrealidad.  

Esa hiperrealidad que genera ambiciones y dependencias, sea para evadirse de lo cotidiano, para matar el tiempo, para evitar la angustia existencial, para trasladarse a otro mundo.

Ambiciones como querer ser el otro: uniformarnos atrás de marcas de zapatillas, tipos de jeans, hábitos de comidas y bebidas, modelos de cuerpo, de tatuajes, de maneras de hablar, de caminar, de vestirnos, de nominarnos, de comportarnos.

Adicciones, desde el tabaco, la cerveza, el alcohol en general, la marihuana, la coca, el paco, los psicofármacos, las relaciones enfermizas a la nomofobia [no mobile phone phobia = ‘fobia a no tener el celular’].

La nomofobia, ese terror a estar incomunicado, sin el millón de amigos del Facebook, sin los contactos profesionales de Lkin, sin el tweet, sin Google Maps, sin el GPS, sin el Play Store, sin el diario que consultar, sin el último celu que sale a la venta.

Ese terror a sentirse solo, a sentirse uno…

Somos lo que somos y no lo que los medios o el celu hacen de nosotros. Pero los que conocimos un país en que medio barrio iba a hablar a la casa del privilegiado que había logrado tener el teléfono de ENTEL, un país en el que había un solo teléfono público en leguas que a menudo no andaba o estaba destruido, en el que los inmuebles subían alrededor de dos mil dólares sólo por tener uno fijo, tal vez podamos tener una mirada más condescendiente con los nomófobos.

Cuando veo a alguien que está hablando con uno que no puede dejar el celu porque así se cree importante, siento entre irritación y lástima… Irritación por su actitud y lástima por su dependencia para demostrar que es alguien.

De cualquier manera no puedo dejar de congraciarme con los tiempos –difíciles y apasionantes- que me tocaron para vivir.

Empecé en los ochenta con mi primera computadora, escribí mi primera novela en una que usaba un cassette especial para grabar datos. Usé desde la Sinclair Spectrum a la Commodore, a la Vendex de Vroom & Dressman IBM compatible con floppy grande que llegó a estos lares y todavía persiste  -testigo de los MS Dos y de todas las versiones de Word Perfect- desde la primera Commodore Top portátil en funda de cuero a la Epson con los diskettes 3.5, desde Windows a estos smartsphones.

La vida es algo más que el flash, la pantalla y el celu…  Pero qué bien vivir en estos tiempos sin caer en la ambición o la adicción.

Y… aunque de pronto me indigne, me parece extraordinario poder usar y disfrutar de estos avances tecnológicos como si fuera una millennial.

®© Ana Sebastián, 2016.

Sunday, September 11, 2016

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS…
         Hoy iba a actualizar lo que posteé hace dos años sobre el Día del Maestro y que ahora aparece abajo como El corso a contramano!!!
         Pero de pronto me di cuenta de que esta fecha es algo más que el Día el Maestro, que hoy es el 15º aniversario del terror en el World Trade Center y me puse a pensar en tantas cosas…



         Y mientras veía el homenaje a los muertos de las Torres Gemelas mi pensamiento iba de un lado a otro como un títere loco…
         Y me acordé del golpe contra Allende.
Pensé en el 11 de septiembre de 1973 cuando nos enteramos  -sin web ni celular ni nada… nada sincronizado como ahora- de ese golpe de Chile.
Y me acordé de que estábamos entrando a la Facultad de Letras que estaba en el viejo Hospital de Clínicas –hoy Plaza Houssay-  y nos topamos con Néstor Tirri que era ayudante en la misma cátedra que nosotros y le dije: “¡Allende está muerto. Dicen que se suicidó!  Raro, no?.”  Y Néstor nos dijo con un gesto tal vez de impotencia algo así como: “¡No, no puede ser! Estás equivocada…”  Néstor trabajaba ya en Clarín y no lo sabía. Claro, él tendría que haberlo sabido antes que nosotros, pero era época de teléfonos públicos  -ni siquiera todo el mundo tenía fijos en su casa, no se conseguían…
         Y me acordé de que a los dos o tres días se organizó la marcha contra el golpe a la Embajada de Chile, la marcha de la Juventud Peronista y adelante iba una bandera enorme de Chile que teníamos nosotros que nunca supe de dónde salió y con la que cubríamos el descascaramiento de la pared de nuestro cuarto del amor en la calle Antequera…
Y como ya no eran buenos tiempos... adelante iba, entre otros, Cacho Ropero con su monumental e impresionante físico que metía miedo, con Cachito, con Néstor Sammartino, con Julito Goitía… los vándalos de Flores, como los llamaban… Y coreábamos: “¡Vamos Chile, carajo!” durante cuadras y cuadras y cuadras hasta llegar a la Embajada en Tagle entre Libertador y Figueroa Alcorta durante horas hasta quedarnos afónicos seguimos con el “¡Vamos Chile, carajo!”

         Y de ahí me fui a todos mis amigos chilenos en Holanda, los que están y los que ya se fueron… Y me acordé de que unos decían que ese slogan típico chileno: “El pueblo unido…”  es yeta. Por eso no lo canto nunca ni lo termino ahora.
Y sentí nostalgia de la hermandad que teníamos y de la solidaridad, de lo que compartimos en la adversidad, de nuestro humor, de nuestro cariño… 
Me acordé del Gordo Carlos Ossa que se había venido aquí y trabajaba en La opinión y después se tuvo que ir a Nederland, cerca de Rotterdam, hosco, al que no le gustaban los chicos pero le encantaba que pasáramos con nuestro hijo horas y horas y horas. El Gordo Ossa, un capítulo aparte de nuestra vida que me inspiró el cuento Martingala y de quien aprendí esas frases que suelo repetir sobre la ignorancia.
Pensaba todo esto entre las duplas de familiares o amigos que leían los nombres de las víctimas en la Memorial Ceremony… 

       


           Y en un momento me di cuenta de que estaba llorando...
          Ese día me desperté, prendí el televisor mientras me desayunaba en la cama y no entendía nada…
Fui abajo a llamar a mi compañero de aventuras y desventuras y le grité: “Vení, vení que algo raro pasa en Nueva York!”
Nos quedamos viendo y a los segundos nomás empezamos a gritar: “…un avión, un avión… se va a estrellar… se va a estrellar…” Y vimos azorados, impávidos, cómo el segundo avión se estrellaba…


          
  
Y los bomberos y las sirenas y la locura en vivo y en directo o en muerte y en directo…
         Y nos quedamos mudos. No podíamos creer lo que veíamos.
         Después en el trabajo y hablando con conocidos y amigos, me encontré con gente que estaba contenta, festejaba porque esto le pasaba a los yanquis… Gente que se enganchaba con Michael Jackson, con Madonna, con Public Enemy, con Bee Gees o Ice Cube, gente que es antiyanqui.
Antiyanquis que, si pueden, llevan a sus hijos o nietos a Orlando, gente que está contra la oligarquía terrateniente, pero en cuanto puede se compra una chacra aquí o en Punta del Este o en José Ignacio y no piensa que es imperialista, piensa que es vivo. Viveza criolla que le llaman…
         En todo estaba, en ese torbellino, mientras seguía la ceremonia y pensé que  también muchas veces, por razones políticas entré, de chica y no de tan chica, en el denuesto a Sarmiento, sin haberlo ubicado en la época y la mentalidad que correspondía…
Y ahora veo, con un poco más de apertura mental que era una actitud obsoleta y además un cliché de los que se repiten porque sí… Y ahora como nunca veo que fue un adelantado.
Por eso en lo que sigue está lo que había posteado hace dos años en homenaje a Sarmiento y a los maestros…
No a los que se llenan la boca en las paritarias ni viven de los maestros… No a los que tienen de rehenes a los chicos y a los adolescentes…
A los de verdad… a los de vocación porque vocación viene de vocatio = ‘acción de llamar’ de vocare = ‘llamar’…   
         Por esa vocación que nos hace compartir lo que aprendemos y conocemos…
         Va el post anterior.


         EL CORSO A CONTRAMANO!!!

“La ignorancia no se aprende.”
Gerárd de Nerval

         El 11 de septiembre solía ser el Día del Maestro en homenaje a quien más bregó por la educación y por la Ley 1420 de Educación laica, pública, gratuita y obligatoria, reconocido aun internacionalmente por su labor en pro de la educación.
         En 1947 un profesor americano Allison Williams Bunkley en su curiosidad por Sarmiento [que había recorrido  -a pedido del Presidente Mont de Chile-  los Estados Unidos de New Órleans a las Cataratas del Niágara investigando sobre la educación en el único país americano que ya tenía un sistema de educación pública] empezó a escribir lo que sería Titan of the Andes; the Life of Domingo Faustino Sarmiento  publicado por Princeton University, 1949, una larga biografía de 1754 páginas.


                    Estatua  Sarmiento  en Boston, Mass.-USA.
        
En Boston, Massachusetts hay una estatua en su honor. Y si bien se puede disentir en mucho de su actuación política, nadie puede negar su papel en la educación que llevó Argentina a ser el país con mayor índice de alfabetización de toda América y aún en un nivel muy alto comparado con ciertos países europeos.

         Fui formada en la educación pública y Mercedes Alas, la maestra que me preparó para entrar al Normal Nº 1 de Profesoras Roque Sáenz Peña, mi querida amiga que nos dejó en 2014, me tenía de un lado para otro entre El habla de mi tierra del Padre Ragucci y el Manual de ingreso porque si no dabas un puntaje mayor de 8,50 no entrabas…
          Me preparó de tal manera que cuando, años más tarde, tuve que reemplazar a un colega mío en la Vrije Universiteit de Amsterdam en Literatura española del Siglo XX usaba lo que quedaba en mi memoria de lo que Mercedes me había enseñado para interpretar la poesía lorquiana a los doce años para ingresar al Normal.

         Escuela de la que me sacaron del coro justamente cuando ensayábamos el Himno a Sarmiento y mi “gloria y loooooor…” no daba.
         Una por una nos probó la Profe de Música y me dijo: “Usted!, afuera!”
         Y no me pude escapar más en el coro… Pero era lógico, si cuando yo canto, mis perros lloran y mis gatos aúllan y los humanos me suplican que me calle…
         ¿Quedó frustrada una cantante lírica, popular, rockera…?
         Y sí, pero no por la profesora ni por el músico, sino porque no tengo oído ni voz para cantar.
         Nunca me sentí estigmatizada porque me gastaban y me gastan con mi voz.  
         Nunca lo viví como un castigo.
         Y esto que me pasó a mí, le pasó a otros en otras disciplinas o mettiers.
         Ayer, esperando y protestando en la cola de un banco porque había diez ventanillas, pero sólo un empleado atendiendo, empecé a hablar con una compañera circunstancial de cola de banco a la que se le veía el guardapolvo de maestra bajo la campera.
         Me contó que ahora no podían calificar porque si le ponían una mala nota a un chico o tenían problemas de violencia de los padres o hermanos o, cuando venía la inspección, le abrían un sumario al docente y, eventualmente, al director que lo permitía. Y que tenían la orden de hacer pasar a todos con 7 porque si no quedaba mal el Ministerio.
         Pero no sólo eso, no tenían que corregir los errores ortográficos porque ahí también si el inspector se enteraba, empezaban un sumario. A tal punto que ella -me aclaró- a su hijita le corregía las faltas y le decía que no lo contara su propia maestra.
         Y encima estaba indignada porque no se permite jugar, por ejemplo, al trencito de nenes y nenas en el jardín porque antes se hacía con cintas o elementos de color rosa para nenas y celeste para nenes. Y ahora dicen por resolución escrita que eso podría dañar a los chicos que algún día pueden llegar a tener “otra preferencia sexual”.
         ¡SÍ, ASÍ COMO LO LEEN! No lo inventé y lamento no haberle preguntado el nombre a esta maestra y madre joven preocupada por lo que será nuestro futuro.
         La conversación terminó cuando la llamaron a la ventanilla: “¡Quieren un país de burros!”. Y yo le respondí: “¡Tenés razón, suerte!!”
          Hoy me desayuné con la Resolución de la Provincia de Buenos Aires que no es que iguala para abajo, baja todo… con el argumento del “estigma” y la “equidad” y la “igualdad de oportunidades”. 
         Lindo homenaje a Sarmiento y a todos los maestros que hicieron de la Ley 1420 ley un elemento fundamental de la integración social de los hijos de nativos e inmigrantes en la escuela pública, con el guardapolvo blanco para igualar y para que no se distinguiera el hijo del doctor del hijo del verdulero o de la lavandera gallega recién llegada.
          Los abanderados ya no serán por mérito sino por compañerismo, popularidad, etc.
          No se podrá aplazar a los chicos que no estudian, etc. 
        Y encima con el artilugio mágico de cambiar hasta la aritmética y poner un 4 en vez de un 1 o un 0 porque “un 4 acerca más a un 7”. [Tal vez se refieren al 7 en el sentido metafórico porteño…]
          O sea, somos tan buenos en la demagogia que no sólo sacamos las amonestaciones, no podemos echar al chico que violenta a sus compañeros con el bulling, no exigimos exámenes, no podemos usar el término “boletín” porque tal vez no es fashion.
          Somos unos genios demagógicos que pensamos que el facilismo es lo que nos generará empatía. Y por eso cambiamos hasta la aritmética y ahora el 1 es 4!!
          Sigamos así con alumnos del secundario que no leen ni escriben en cursiva y que, cuando van al C. B. C. con ingreso irrestricto, no entienden un texto mínimamente complejo. Y lo digo con conocimiento de causa…
          Sarmiento, en tu homenaje, por lo que hiciste por la educación y por la reivindicación de nuestra cultura y nuestro idioma y en agradecimiento a haber salido de esa escuela dura que era en esa época, el Normal Nº 1 de Profesores creada por vos, va este himno cantado por alguien que sabe cantar…


         Vaya el homenaje a todos los maestros que me formaron desde la Escuela Dominguito de la calle Echeverría hasta el Normal y la Facultad de Filosofía y Letras, la Geemente Universiteit van Amsterdam y los otros que en otras instancias supieron ser Maestros con mayúscula! 
          Ah, me olvidaba: me alegro de haber sido abanderada por mérito y no porque mis viejos le hicieran mejores regalos a los maestros en su día.
            Y sigamos así creando ignorancia...
Pero, ojo!!! La ignorancia también es atrevida!!!
       Yo repetía esta frase junto con la de Nerval que usé de epígrafe, pero justamente hace poco me enteré de que esa frase es nada más y nada menos que de Domingo Faustino Sarmiento.

       
®© Ana Sebastián, Reflexiones impertinentes,  2014-2016.


SENTIMIENTOS ENCONTRADOS…
         Hoy iba a actualizar lo que posteé hace dos años sobre el Día del Maestro y que ahora aparece abajo como El corso a contramano!!!
         Pero de pronto me di cuenta de que esta fecha es algo más que el Día el Maestro, que hoy es el 15º aniversario del terror en el World Trade Center y me puse a pensar en tantas cosas…



         Y mientras veía el homenaje a los muertos de las Torres Gemelas mi pensamiento iba de un lado a otro como un títere loco…
         Y me acordé del golpe contra Allende.
Pensé en el 11 de septiembre de 1973 cuando nos enteramos  -sin web ni celular ni nada… nada sincronizado como ahora- de ese golpe de Chile.
Y me acordé de que estábamos entrando a la Facultad de Letras que estaba en el viejo Hospital de Clínicas –hoy Plaza Houssay-  y nos topamos con Néstor Tirri que era ayudante en la misma cátedra que nosotros y le dije: “¡Allende está muerto. Dicen que se suicidó!  Raro, no?.”  Y Néstor nos dijo con un gesto tal vez de impotencia algo así como: “¡No, no puede ser! Estás equivocada…”  Néstor trabajaba ya en Clarín y no lo sabía. Claro, él tendría que haberlo sabido antes que nosotros, pero era época de teléfonos públicos  -ni siquiera todo el mundo tenía fijos en su casa, no se conseguían…
         Y me acordé de que a los dos o tres días se organizó la marcha contra el golpe a la Embajada de Chile, la marcha de la Juventud Peronista y adelante iba una bandera enorme de Chile que teníamos nosotros que nunca supe de dónde salió y con la que cubríamos el descascaramiento de la pared de nuestro cuarto del amor en la calle Antequera…
Y como ya no eran buenos tiempos... adelante iba, entre otros, Cacho Ropero con su monumental e impresionante físico que metía miedo, con Cachito, con Néstor Sammartino, con Julito Goitía… los vándalos de Flores, como los llamaban… Y coreábamos: “¡Vamos Chile, carajo!” durante cuadras y cuadras y cuadras hasta llegar a la Embajada en Tagle entre Libertador y Figueroa Alcorta durante horas hasta quedarnos afónicos seguimos con el “¡Vamos Chile, carajo!”

         Y de ahí me fui a todos mis amigos chilenos en Holanda, los que están y los que ya se fueron… Y me acordé de que unos decían que ese slogan típico chileno: “El pueblo unido…”  es yeta. Por eso no lo canto nunca ni lo termino ahora.
Y sentí nostalgia de la hermandad que teníamos y de la solidaridad, de lo que compartimos en la adversidad, de nuestro humor, de nuestro cariño… 
Me acordé del Gordo Carlos Ossa que se había venido aquí y trabajaba en La opinión y después se tuvo que ir a Nederland, cerca de Rotterdam, hosco, al que no le gustaban los chicos pero le encantaba que pasáramos con nuestro hijo horas y horas y horas. El Gordo Ossa, un capítulo aparte de nuestra vida que me inspiró el cuento Martingala y de quien aprendí esas frases que suelo repetir sobre la ignorancia.
Pensaba todo esto entre las duplas de familiares o amigos que leían los nombres de las víctimas en la Memorial Ceremony… 

       


           Y en un momento me di cuenta de que estaba llorando...
          Ese día me desperté, prendí el televisor mientras me desayunaba en la cama y no entendía nada…
Fui abajo a llamar a mi compañero de aventuras y desventuras y le grité: “Vení, vení que algo raro pasa en Nueva York!”
Nos quedamos viendo y a los segundos nomás empezamos a gritar: “…un avión, un avión… se va a estrellar… se va a estrellar…” Y vimos azorados, impávidos, cómo el segundo avión se estrellaba…


          
  
Y los bomberos y las sirenas y la locura en vivo y en directo o en muerte y en directo…
         Y nos quedamos mudos. No podíamos creer lo que veíamos.
         Después en el trabajo y hablando con conocidos y amigos, me encontré con gente que estaba contenta, festejaba porque esto le pasaba a los yanquis… Gente que se enganchaba con Michael Jackson, con Madonna, con Public Enemy, con Bee Gees o Ice Cube, gente que es antiyanqui.
Antiyanquis que, si pueden, llevan a sus hijos o nietos a Orlando, gente que está contra la oligarquía terrateniente, pero en cuanto puede se compra una chacra aquí o en Punta del Este o en José Ignacio y no piensa que es imperialista, piensa que es vivo. Viveza criolla que le llaman…
         En todo estaba, en ese torbellino, mientras seguía la ceremonia y pensé que  también muchas veces, por razones políticas entré, de chica y no de tan chica, en el denuesto a Sarmiento, sin haberlo ubicado en la época y la mentalidad que correspondía…
Y ahora veo, con un poco más de apertura mental que era una actitud obsoleta y además un cliché de los que se repiten porque sí… Y ahora como nunca veo que fue un adelantado.
Por eso en lo que sigue está lo que había posteado hace dos años en homenaje a Sarmiento y a los maestros…
No a los que se llenan la boca en las paritarias ni viven de los maestros… No a los que tienen de rehenes a los chicos y a los adolescentes…
A los de verdad… a los de vocación porque vocación viene de vocatio = ‘acción de llamar’ de vocare = ‘llamar’…   
         Por esa vocación que nos hace compartir lo que aprendemos y conocemos…
         Va el post anterior.


         EL CORSO A CONTRAMANO!!!

“La ignorancia no se aprende.”
Gerárd de Nerval

         El 11 de septiembre solía ser el Día del Maestro en homenaje a quien más bregó por la educación y por la Ley 1420 de Educación laica, pública, gratuita y obligatoria, reconocido aun internacionalmente por su labor en pro de la educación.
         En 1947 un profesor americano Allison Williams Bunkley en su curiosidad por Sarmiento [que había recorrido  -a pedido del Presidente Mont de Chile-  los Estados Unidos de New Órleans a las Cataratas del Niágara investigando sobre la educación en el único país americano que ya tenía un sistema de educación pública] empezó a escribir lo que sería Titan of the Andes; the Life of Domingo Faustino Sarmiento  publicado por Princeton University, 1949, una larga biografía de 1754 páginas.


                    Estatua  Sarmiento  en Boston, Mass.-USA.
        
En Boston, Massachusetts hay una estatua en su honor. Y si bien se puede disentir en mucho de su actuación política, nadie puede negar su papel en la educación que llevó Argentina a ser el país con mayor índice de alfabetización de toda América y aún en un nivel muy alto comparado con ciertos países europeos.

         Fui formada en la educación pública y Mercedes Alas, la maestra que me preparó para entrar al Normal Nº 1 de Profesoras Roque Sáenz Peña, mi querida amiga que nos dejó en 2014, me tenía de un lado para otro entre El habla de mi tierra del Padre Ragucci y el Manual de ingreso porque si no dabas un puntaje mayor de 8,50 no entrabas…
          Me preparó de tal manera que cuando, años más tarde, tuve que reemplazar a un colega mío en la Vrije Universiteit de Amsterdam en Literatura española del Siglo XX usaba lo que quedaba en mi memoria de lo que Mercedes me había enseñado para interpretar la poesía lorquiana a los doce años para ingresar al Normal.

         Escuela de la que me sacaron del coro justamente cuando ensayábamos el Himno a Sarmiento y mi “gloria y loooooor…” no daba.
         Una por una nos probó la Profe de Música y me dijo: “Usted!, afuera!”
         Y no me pude escapar más en el coro… Pero era lógico, si cuando yo canto, mis perros lloran y mis gatos aúllan y los humanos me suplican que me calle…
         ¿Quedó frustrada una cantante lírica, popular, rockera…?
         Y sí, pero no por la profesora ni por el músico, sino porque no tengo oído ni voz para cantar.
         Nunca me sentí estigmatizada porque me gastaban y me gastan con mi voz.  
         Nunca lo viví como un castigo.
         Y esto que me pasó a mí, le pasó a otros en otras disciplinas o mettiers.
         Ayer, esperando y protestando en la cola de un banco porque había diez ventanillas, pero sólo un empleado atendiendo, empecé a hablar con una compañera circunstancial de cola de banco a la que se le veía el guardapolvo de maestra bajo la campera.
         Me contó que ahora no podían calificar porque si le ponían una mala nota a un chico o tenían problemas de violencia de los padres o hermanos o, cuando venía la inspección, le abrían un sumario al docente y, eventualmente, al director que lo permitía. Y que tenían la orden de hacer pasar a todos con 7 porque si no quedaba mal el Ministerio.
         Pero no sólo eso, no tenían que corregir los errores ortográficos porque ahí también si el inspector se enteraba, empezaban un sumario. A tal punto que ella -me aclaró- a su hijita le corregía las faltas y le decía que no lo contara su propia maestra.
         Y encima estaba indignada porque no se permite jugar, por ejemplo, al trencito de nenes y nenas en el jardín porque antes se hacía con cintas o elementos de color rosa para nenas y celeste para nenes. Y ahora dicen por resolución escrita que eso podría dañar a los chicos que algún día pueden llegar a tener “otra preferencia sexual”.
         ¡SÍ, ASÍ COMO LO LEEN! No lo inventé y lamento no haberle preguntado el nombre a esta maestra y madre joven preocupada por lo que será nuestro futuro.
         La conversación terminó cuando la llamaron a la ventanilla: “¡Quieren un país de burros!”. Y yo le respondí: “¡Tenés razón, suerte!!”
          Hoy me desayuné con la Resolución de la Provincia de Buenos Aires que no es que iguala para abajo, baja todo… con el argumento del “estigma” y la “equidad” y la “igualdad de oportunidades”. 
         Lindo homenaje a Sarmiento y a todos los maestros que hicieron de la Ley 1420 ley un elemento fundamental de la integración social de los hijos de nativos e inmigrantes en la escuela pública, con el guardapolvo blanco para igualar y para que no se distinguiera el hijo del doctor del hijo del verdulero o de la lavandera gallega recién llegada.
          Los abanderados ya no serán por mérito sino por compañerismo, popularidad, etc.
          No se podrá aplazar a los chicos que no estudian, etc. 
        Y encima con el artilugio mágico de cambiar hasta la aritmética y poner un 4 en vez de un 1 o un 0 porque “un 4 acerca más a un 7”. [Tal vez se refieren al 7 en el sentido metafórico porteño…]
          O sea, somos tan buenos en la demagogia que no sólo sacamos las amonestaciones, no podemos echar al chico que violenta a sus compañeros con el bulling, no exigimos exámenes, no podemos usar el término “boletín” porque tal vez no es fashion.
          Somos unos genios demagógicos que pensamos que el facilismo es lo que nos generará empatía. Y por eso cambiamos hasta la aritmética y ahora el 1 es 4!!
          Sigamos así con alumnos del secundario que no leen ni escriben en cursiva y que, cuando van al C. B. C. con ingreso irrestricto, no entienden un texto mínimamente complejo. Y lo digo con conocimiento de causa…
          Sarmiento, en tu homenaje, por lo que hiciste por la educación y por la reivindicación de nuestra cultura y nuestro idioma y en agradecimiento a haber salido de esa escuela dura que era en esa época, el Normal Nº 1 de Profesores creada por vos, va este himno cantado por alguien que sabe cantar…


         Vaya el homenaje a todos los maestros que me formaron desde la Escuela Dominguito de la calle Echeverría hasta el Normal y la Facultad de Filosofía y Letras, la Geemente Universiteit van Amsterdam y los otros que en otras instancias supieron ser Maestros con mayúscula! 
          Ah, me olvidaba: me alegro de haber sido abanderada por mérito y no porque mis viejos le hicieran mejores regalos a los maestros en su día.
            Y sigamos así creando ignorancia...
Pero, ojo!!! La ignorancia también es atrevida!!!
       Yo repetía esta frase junto con la de Nerval que usé de epígrafe, pero justamente hace poco me enteré de que esa frase es nada más y nada menos que de Domingo Faustino Sarmiento.

       
®© Ana Sebastián, Reflexiones impertinentes,  2014-2016.