miércoles, mayo 29, 2019


Efeméride sentidamente triste otra vez

         Hoy decidí juntar todo lo que ya había posteado sobre el 29 de mayo de 1972, fecha que, mientras tenga uso de razón, no creo que olvide.

      Sobre todo viendo la impostura, la falsedad, la bastardización, la malicia, la infamia y la vileza convertidas en tema de show y la duplicidad ética de muchos de nuestros actuales compatriotas.

          Hay que poner esto en un contexto y es el de la época.

        Y la principal causa que me hizo juntar todos estos posts que tal vez son reiterativos es la pretensión de meter a todos en la misma bolsa, pretender que todos son o fuimos de la misma calaña que algunos que se mueven impunemente como si fueran seres «elegidos», privilegiados...

         Y sobre todo viendo el cholulismo de la memoria de quienes hacen uso en beneficio propio de algo que ni se imaginan. Incluso de los que se dicen muy informados y hablan o escriben sobre esa época y no tienen ni la honestidad intelectual  -como diría Leopoldo Marechal-  de nombrar a las fuentes.

         Esto no es una reivindicación de esos tiempos ni mucho menos…

     Es un recuerdo de dos personas íntegras que fueron leales a sus principios en un mundo que no era este mundo. No era ni mejor ni peor. 

      Parafraseando a Jorge Luis Borges, nos tocaron, “como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir".  

       Como hoy me contó el hermano mayor de Jorge, la única vez que pudo hablar con él de este tema, le dijo: «en las guerras siempre mueren los soldados, nunca los comandantes…» 

     No sabía de esa conversación aunque creo que fui una de las pocas compañeras de aquel tiempo que guardó una relación permanente con su familia a quien visitamos, a pesar, de que no se permitía [¡!!!] a pocos días de su muerte y tengo el orgullo de decir que trabé una gran y hermosa amistad con su padre, el jurista Dr. Carlos Escribano, con su madre y sus hermanos.  Y desde el último tiempo con uno de los sobrinos del Negrito Burgos.


Efeméride sentidamente triste II - 2015
        
       Hace un año escribí sobre esta fecha tan triste en homenaje a Gerardo Burgos y a Jorge Escribano que murieron en la tarde de un 29 de mayo de 1972 en un tiroteo en Turdera. [Ver post de hace un año.]


















        El Negrito Burgos





                                                                   Jorge -el Churi- Escribano

         Nunca nadie les pagó nada... nunca quisieron salir en la foto... nunca quisieron convertirse en estrellas de ningún show... Honestos, generosos, con sentido de lo cabal y de la palabra, valerosos y valiosos, se sentían combatientes por una patria libre, justa, íntegra... Fueron auténticos. Hasta último momento dignos!
     

      He aquí un poema olvidado que encontré casualmente y que hace referencia a ellos  y a otros como ellos que se presentaron en una noche de delirio. 

En la noche del Pirovano
los caballos aparecieron en mi frente.
Aparecieron potros salvajes en fila india.
Aparecieron amarillos
con nombres conocidos,
con nombres queridos.
Apareció Diego, la camisa blanca
agujereada de sangre buscando el río,
descabritado.
Apareció el Chino Burgos,
la ingenuidad perdida
que defendería con las uñas.
El Mar del Norte del que,
por ese entonces,
yo sólo conocía lo de las cenizas de Engels
enfriándose, desparramadas por la historia…
pateaba con furia desbocada de caballo amarillo.
Atrás, de inmediato,
atrás, el Churi, desbocado bagual amarillo
con muerte en mocasines,
de pie, encaraba
para siempre a nuestros
progenitores.
¡Otra vez la barbarie, señores!
Estos vientos salados del norte
enloquecen a los hombres
y a los animales.
Y el Tano, potro sin vueltas,
sacrificado también
cabalgando en la furia
de granadas incesantes…
y Cristina casi imperceptible
entre la estampida de potros amarillos
ida también
para siempre
para que nadie nos nombre
siquiera
para que no se atreva
nadie…
ni en el delirio
ni en el insomnio
ni en los potros de la noche eterna
para que sólo se nombre
a los glorificados o a los ungidos…
Ellos, potros amarillos sin más
títulos que el anonimato,
por la gracia de Dios,
por la gracia de la Patria,
sin más retorno que
sin frente,
sin pies con mocasines
industria nacional
para enfrentar a la muerte,
y nosotros,
sin más que rodillas
para hincarnos ante estos caballos salvajes
que una vez galoparon sin freno en mi frente.
Escrito en Amsterdam, probablemente entre 1980 -1983.

                                      ®© Ana Sebastián, Memorias impertinentes, 2015.
    

    Hoy, 29 de mayo, remito al post del 2012. 

         A esta hora morían asesinados en Turdera el Negrito Godoy  como era el nombre de guerra del irrecuperable compañero Gerardo César Burgos y Jorge Escribano, el Churi...,

    
         Rebeldes, combatientes, no chamuyeros!!!
  
         De los genuinos, sensibles y auténticos, con ética no declamada sino llevada a la práctica hasta el final...

         Siempre con nosotros!!! 

In memoriam.
 

Efeméride sentidamente triste I - 2012

         A Gerardo César Burgos, el Negrito, y al Churi Escribano que murieron en combate una tarde en Turdera hace cuarenta años, juntos en la hora última, jugándose  -equivocados o no-  por sus ideales sin que nadie les pagara ni un mísero peso... que nos enseñaron como tantos otros el sentido de la palabra "compañero"  en esos tiempos de peligro y de pocas palabras..., sin pensar que algún día existirían los apropiadores mercaderes de la memoria...
         A ambos, parcos de palabras y generosos en gestos, de actitudes humanas...,  uno tal vez todavía en el Cementerio Británico y otro, en el de Olivos  -no lo sé-, ambos con un exaltado poema mío  -de esos que sólo servían para que el Negrito los tuviera copiados bajo su almohada de la Villa Itatí en donde había decidido ir a vivir o para epitafio de nuestros muertos, poema con el que el viejo Dr. Carlos Escribano que un día supo decir que "se había él se había convertido en el hijo de su hijo", les había hecho grabar en una placa y que espero que esté  -que no haya sido robado por los saqueadores de bronce- que si no me equivoco decía algo así, no me acuerdo muy bien: "... y por el milagro de esta vida combatiente / hoy somos, dulces guerreros, los vencedores de la muerte".

         ¡Qué trágico! ¡Qué patétismo! ¡Qué muerte joven derramada para que otros se llenen de palabras de lo que no saben, de lo que no son, de lo que nunca serán!!!

         Vaya este poema que un día amsterdamés escribí a la memoria del Churi y vaya la vela que hoy le prendo a sus almas que no son almas en pena... no son la luz mala... son la luz... de lo que la vida nos supo dar...

Respuesta a abril


Vendrá abril

y el Churi no irá

a la cita en el café terraza

con su cara de manzanita colorada

y María

que nunca fue María

no va a ser suya

tras los infiernos de Bernal.

Insolente

la patria oscura

lo habrá perdido para siempre

y la madre de Juan

en la galería de Valdenegro

no le dirá que se abrigue

que ya empieza el otoño

porque ahora

ya somos gente grande

y no podemos eludir

que empieza el otoño

y no tenemos abrigo suficiente.

         Amsterdam, marzo 1, 1983.



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