Recién me enteré de la muerte de José Gobello que lamento mucho. Llegó a cumplir sus 94 años y creo que vivió como pensó que tenía que vivir.
Tuve muchas diferencias con él no sólo de manera de pensar y ver el mundo, la vida, el país, sino también desde mis concepciones lingüísticas respecto a sus fundamentos científicos sobre el antiguo lunfardo. Pero siempre -desde que nos conocimos en la Academia Nacional del Tango- nos respetamos, muy a menudo en medio de su sarcasmo y de mi ironía.
En una de mis últimas conversaciones telefónicas, cuando le
dije quien hablaba, me contestó con su habitual socarronería: “¡Ah, la
profesora Sebastián que dice que el lunfardo no existe!”, a lo que yo en el
mismo tono respondí: “La misma que pinta y parla”. En este juego había, a pesar
de las diferencias, mucho respeto por su trabajo y su dedicación. Tener un
punto de vista diferente no significa desconocer su importancia en el estudio
de nuestra lengua. [¿Ojo! Hablo de José Gobello y no de los gobellianos. No es lo
mismo Borges que los borgianos.]
Y si es que hay un mundo para los que se piantan... que se preparen porque seguro llegará con sus fuerzas renovadas y es de los que piensan como Lilian Heller que "el cinismo es una forma antipática de decir la verdad" y va a gastar a unos cuantos... Mis condolencias a Marta y a su hijo.
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